Una espiritualidad auténtica está basada en una relación personal con Jesucristo y esta relación puede atraer más personas a conocer a Dios y su plan para ellas. Cada ministro debe cultivar la conciencia de la dimensión espiritual profunda de la vida cotidiana. Abrazar una espiritualidad que proclama la presencia de Dios en el mundo, un ministro puede guiar a los demás a experimentar más íntimamente a Dios en sus propias vidas.