Oh Virgen María, Reina del Carmen, Madre de Dios y de los hombres: Dígnate admitir nuestras plegarias y aceptar benigna el obsequio de nuestro culto y amor.
Que tu luz ilumine nuestras almas y fortalezca nuestros corazones a fin de que, aprendiendo las inefables enseñanzas que quieres darnos, merezcamos comparecer confiadamente en la presencia de la Trinidad Beatísima.