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Estas Cartas difieren mucho entre sí, tanto en contenido como en extensión. Básicamente surgen como la necesidad de comunicarse, de exhortar y en general de llevar un mensaje de paz a distintas comunidades cristianas del mundo.

No pertenecen al canon bíblico; fueron escritas por cristianos de la actualidad, pero con una mentalidad más cercana a los primeros cristianos de la Iglesia naciente, no por ello resignando de algún modo vigencia.
No sabemos mucho de los autores, excepto el hecho que han sellado un voto perpetuo de anonimato ante los obispos de sus respectivas diócesis.
El lenguaje, las formas y el estilo literario se asemeja a los escritos sapienciales del Antiguo Testamento. Hay algunos pasajes particularmente duros y severos, pero aun en ellos se pone de manifiesto la intención pastoral de exhortación, fundada en el amor de Cristo.
De alguna forma, estas cartas recuerdan el estilo de Pablo.
Un tema en común de estas cartas es el «kerygma» siempre presente, o sea el primer anuncio del Evangelio, destinado a suscitar la fe en Cristo. También la defensa de la fe, apoyada en la valentía del cristiano, que es llamado a salir de su espacio de confort, para convertirse en un verdadero soldado de Cristo.
Se hace un énfasis especial en los sacramentos, y en el poder salvífico que ellos esconden.
En resumen, podríamos decir que es una catequesis renovada, que nos revela el plan de salvación de Dios de un modo sencillo de comprender y al alcance de cualquier persona, con la única condición de ofrecerse en una entrega total a Dios.
No existen en estas cartas revelaciones nuevas o privadas. No hemos encontrado nada que contradiga o se opona al resto de las Sagradas Escrituras. Más bien podemos ver en ellas una aproximación al Evangelio desde los tiempos, formas y lenguaje actuales.

 

 

 

 

CARTA

A LOS POBRES, ENFERMOS Y

                                               AFLIGIDOS

1

Saludo inicial

(Ef 1, 7 / Jn 19, 25-27 / Ap 2, 2-3 / Mc 16, 15 / Is 49, 6-9)

1      Mauricio, servidor de Dios Altísimo, hijo adoptivo del Padre por regalo y voluntad Divina;

2      hijo de María, hermano de Juan, soldado del resto de la nueva Jerusalén; en comunión espiritual con la antigua Iglesia de Éfeso,

3      enviado a anunciar la Buena Nueva a todos los hombres, pero con especial predilección a los pobres, enfermos y afligidos;

4      para vendar los corazones heridos, para proclamar la liberad a los cautivos, para devolver la vista a los ciegos, para abrir los oídos de quienes no pueden oír;

5      para hacer que se manifiesten los que están en la oscuridad, a través de la luz que brilla en la Palabra de Dios;

6      para compartir con ustedes un tesoro infinito de gracia que ha sido en mi derramado, a través de Cristo nuestro Señor.

7      A los que sufren y están solos, a los que se han alejado de Dios, a los que tienen muchas dudas y pocas certezas,

8      a los que buscan y no encuentran el sentido de esta vida, a los que lo han perdido todo, a los que extrañan a sus seres queridos que se han ido,

9      a los que están ahogados en la tristeza, a los que necesitan consuelo.

10   Todos ustedes están en mi corazón, y a ustedes está dirigida esta carta. Llegue a ustedes la gracia y

la paz que proceden de Dios, que es Padre, Hijo, y Espíritu Santo.

        

Las tribulaciones son ahora compartidas

(Ef 3, 18-19 / Col 1, 24-25 / Fp 3, 7-11 / Rm 5, 3)

11   Quiero que sepan que pese a todas y cada una de las tribulaciones a las que ustedes están sometidos, existe un amor que todo lo supera:

12   ese es el mismo amor que yo recibí, y que hoy quiero compartirles.

13   No crean que están solos, porque no están solos. Yo, su hermano Mauricio, comparto con ustedes estas dificultades que les toca vivir;

14   porque de un modo misterioso, Dios permite que yo pueda compartir la carga que ustedes llevan, para que de alguna manera resulten menos pesadas para ustedes.

15   Y no crean que esto es para mí una carga, sino más bien todo lo contrario. Mi corazón se llena de gozo al ver una sonrisa dibujada en sus rostros,

16   o una lágrima que rueda sobre sus mejillas, no de tristeza, porque es un don del Espíritu Santo, y él no se entristece, sino que goza como yo lo hago,

17   al traerles esta esperanza que es la paz de Cristo en cada uno de ustedes.

18   Es un amor que todo lo llena y todo lo conoce, un amor que hace las dificultades llevaderas, un amor que permite gloriarnos hasta en la misma adversidad.

La verdadera esperanza

(2 Co 4, 18 / Jn 3, 3 / 2 Co 5, 17 / Ti 3, 5 / Ef 4, 22-24 / Ap 20, 4-5 / Jn 14, 21)

19                        Porque nosotros tenemos puesta nuestra esperanza en bienes futuros, muy superiores a los que este mundo pasajero nos puede ofrecer.

20                        Esta es la esperanza a las que hemos sido llamados todos nosotros, los que hemos renacido en Cristo Jesús a través del Espíritu Santo.

21                        Por eso yo los exhorto, en el Nombre de Nuestro Señor Jesucristo, a que dejen atrás el hombre viejo, para revestirse en lo más profundo de su ser en un hombre nuevo,

22                        que ya no vive conforme a la carne y a los deseos de este mundo, sino que vive en y para Cristo, nuestro Señor.

23                        Compréndanlo bien mis hermanos: ¡El hombre viejo ha sido vencido! ¡Un hombre nuevo ha nacido hoy en ustedes! Un hombre hecho a imagen y semejanza de Cristo. Esta es la primera resurrección.

24                        Es necesario que comprendamos que quiere hoy Dios de nosotros, para que entendiendo esto podamos cumplir su Voluntad, y así agradarle.

2

La creación de Dios

(Gn 1, 1-2, 25 / Sal 8, 4)

1   En siete días Dios creó el universo. El sol, la luna y las estrellas. La tierra y todo lo que hay en ella.

2   Las aguas, los mares y el suelo firme. Las plantas, los animales y los peces: todo fue hecho por él y para él.

3   Dios creó todas las cosas, desde la más pequeña hasta la más grande.

4   Por último, él hizo la más bella creación de todas: a nosotros, los hombres. Dios decidió crearnos, para compartir con nosotros su gran amor,

5   porque el amor siempre busca el bien de los demás, y quien vive en el amor quiere que los demás también sean parte de esa alegría suya;

La voluntad de Dios

(Jn 3, 16 / Mt 7, 21 / Sgo 2, 10)

6   y fue así que tanto amó Dios a los hombres, que envió a su propio hijo –Jesucristo– para que quien creyera en él tuviese vida eterna.

7   Pero creer en Cristo no es solo decir «¡Señor, Señor creo en ti!»sino cumplir la voluntad del Padre que está en los cielos.

8   Y esa Voluntad debe cumplirse en todo lo que él nos pide: no solo en las cosas que nosotros elijamos.

Hay solo dos caminos

(Didaché 1 / Jn 3, 18 / 14, 21)

9                           Dios nos invita a amarlo, pero no nos obliga a hacerlo. Dios nos hizo libres, para que seamos nosotros mismos los que elijamos qué camino seguir.

10                        En esa libertad solo existen dos caminos posibles, sin puntos intermedios: amar a Dios o rechazarlo. El primero lleva a la salvación, el segundo a la condenación, ambas eternas.

11                        Esta es la invitación que él nos hace hoy: amarlo. Pero quien ama a alguien, procura no ofenderlo, y si amamos realmente a Dios buscaremos cumplir sus mandamientos.

La revelación de Dios

(Hch 7, 30-36 / Jn 6, 47)

12 En tiempos pasados Dios se manifestó a Moisés, en una llama ardiente que no se consumía, cuando él le dijo: «Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.

1[2] Dios puso a Moisés como jefe y libertador del pueblo de Dios, con la ayuda del ángel que se apareció en la zarza.

1[4] Luego, en este tiempo final, Dios nos envió a su Hijo único Jesucristo, para que todos los que creamos en él tengamos Vida Eterna.

1

1 Ustedes me preguntarán: ¿Cómo puedo agradar a Dios, como puedo cumplir su Voluntad? Bien, lo primero será fortalecer los siete pilares del verdadero hijo de Dios.

(Hb 11, 1.6 / 1 Jn 5, 4 / Jn 11, 25-26 / Rm 8, 28) 2 El primer pilar es la Fe.

8                           Tengan la plena confianza que si ponen sus esperanzas en Cristo, jamás serán defraudados. Crean en él con una fe profunda y sincera,

9                           confiando el timón de sus vidas en sus manos, porque sabemos que Dios siempre obra el bien para aquellos que lo aman.

(Eclo 6, 18 / Job 22, 22)

10   El segundo pilar es la Instrucción.

11   Está escrito: «Hijo mío, desde tu juventud, busca la instrucción, y hasta en tu vejez, encontrarás la sabiduría.» Y también: «Recibe la instrucción de sus labios y guarda sus palabras en tu corazón.»

Las Sagradas Escrituras

(Dt 8, 3 / Mt 4, 4)

12   Lean diariamente la Palabra de Dios. Porque así como ustedes comen y beben cada día para saciar su carne, así también su espíritu necesita comer y beber.

13   Y la comida y bebida del espíritu es la Palabra de Dios.

14   Antes de empezar, encomiéndense al Espíritu Santo, pidiendo que descienda sobre ustedes y los ilumine,

15   para que Dios pueda hablarles a través de la Palabra que están a punto de leer, y ésta pueda llegar hasta lo más profundo de sus corazones.

16   Procuren estar en un lugar cómodo, sin ruido. Es fundamental evitar distracciones, para poder concentrarse en lo que el Señor quiere decirles. Nunca lean de mala gana.

17   estén limpios por dentro y por fuera, porque no están leyendo un libro más: están ante la Palabra y la Presencia de Dios, y el Señor les hablará por medio de ella.

18   Cada día avancen un poco, sin excederse, según las posibilidades de cada uno.

19   Cuando hayan terminado de leer todo, empiecen de nuevo desde el principio y luego otra vez. Les aseguro que quien haya recibido el don de Sabiduría encontrará un gran gozo en esta hermosa tarea. 20 Lean con detenimiento y con entendimiento. Lo más importante de la Biblia son los Evangelios.

21   Si hacen todas estas cosas y las guardan en su corazón el Señor los colmará de su Espíritu y les revelará la Verdad.

22   No malgasten su tiempo en lecturas, audios o videos triviales o poco conducentes, eviten también las conversaciones ociosas.

23   El tiempo es muy valioso, por tanto sepan aprovechar cada segundo, evitando actividades que los distraigan y no conduzcan a nada,

24   más bien inviertan su tiempo en cosas que los edifiquen: en instruirse, en prepararse en la fe.

4

(Fp 4, 6-7 / Sal 66, 18 / Is 59,2 / Jn 9, 31 / Sgo 5, 16)

1   El tercer pilar es la Oración.

2   En cualquier circunstancia recurran a la oración: sea en los buenos como en los malos momentos. Nunca se angustien: nuestro Padre que está en el cielo ve en lo secreto y conoce sus corazones.

3   Siempre acompañen su oración a una sincera acción de gracias. Así deben presentar sus peticiones a Dios.

4   Entonces la paz de Dios, que supera todo lo imaginable, tomará bajo su cuidado sus corazones y los pensamientos de ustedes en Cristo Jesús.

5   Pero cuando pidan, háganlo con fe, sabiendo que el Todopoderoso escucha a los humildes, y si es su Voluntad puede obrar incluso lo imposible,

6   ya que realmente no hay nada imposible para él.

7   Jamás, al orar, guarden maldad en sus corazones, porque escrito está: «Si hubiera tenido malas intenciones, el Señor no me habría escuchado».

8   Si al orar no están en Gracia de Dios permanecen en el pecado y no serán escuchados: «Han sido las culpas de ustedes las que han puesto una barrera entre ustedes y su Dios;

9   sus pecados le han hecho cubrirse el rostro para dejar de escucharlos».

10                        Por eso acudan con frecuencia al sacramento de la reconciliación, para estar siempre en gracia de Dios, porque escrito está:

11                        «Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, pero si al que lo honra y cumple su voluntad» y también: «Sabemos que la oración perseverante del justo es poderosa.»

12                        De este modo, su oración va a ser escuchada, y sabiendo que va a ser escuchada tenemos la certeza que, si es la Voluntad de Dios, él les concederá todo lo que le pidan.

(Pr 1, 7 / 2 Co 12, 9-10 / Ap 20, 5)

13   El cuarto pilar es el Temor de Dios.

14   El Temor de Dios es un respeto profundo que brota de un corazón puro, que teme con sus acciones ofender a quien nos dio la vida.

15   El temor del Señor es el comienzo de la sabiduría, los necios desprecian la sabiduría y la instrucción.

16   No sean entonces como los necios. Sean humildes, arranquen de ustedes hasta el último rastro de soberbia. Que eso ni siquiera se mencione entre ustedes.

17   Háganse pequeños como un niño ante la majestad de nuestro Señor. Reconozcan en él toda supremacía: a él sea todo el honor y toda la gloria por siempre y para siempre.

18   Porque aquel que escudriña los corazones conoce hasta lo más profundo de nuestras fibras, y es justamente en la debilidad humana donde su poder triunfa.

19   Cuando ustedes son débiles Dios actúa, y los hace fuertes e inconmovibles.

20   Por eso, no se entristezcan de sus propias debilidades, más bien gloríense en ellas de todo corazón, para que de ese modo el poder de Cristo resida en ustedes.

21   ¿No saben acaso que ustedes ya reinan con Cristo aquí en la tierra desde la primera resurrección?

5

(Mt 16, 24-26 / Jn 12, 24-25)

1   El quinto pilar es Cargar la Cruz.

2   Como no recordar estas palabras de nuestro Señor:

3   «El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque él que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida a causa de mí, la encontrará.

4   Les aseguro que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto.

5   El que tiene apego a su vida la perderá; y el que no está apegado a su vida en este mundo, la conservará para la Vida eterna.»

6   Cargar la Cruz de Cristo implica al menos tres cosas: soportar los sufrimientos, soportar las tentaciones y aprender a perdonar.

Soportar los sufrimientos

(Job 1, 20-21 / Eclo 2, 1-6 / Sal 34, 19 / Fp 1, 28-29 / Col 1,24 / Rm 8, 18)

7      No nos olvidemos de nuestro hermano Job, cuando se levantó y rasgó su manto; se rapó la cabeza, se postró con el rostro en tierra

8      y exclamó: «Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allí. El Señor me lo dio y el Señor me lo quitó: ¡bendito sea el nombre del Señor!».

9      En todo esto, Job no pecó ni dijo nada indigno contra Dios.

10   Si alguno de ustedes se decide a servir al Señor, que prepare su alma para la prueba.

11   Enderecen su corazón y sean firmes, y no se inquieten en el momento de la desgracia.

12   Únanse al Señor y no se separen de él, para que al final de sus días sean enaltecidos.

13   Acepten de buen grado todo lo que les suceda, y sean pacientes en las vicisitudes de su humillación.

14   Porque el oro se purifica en el fuego, y los que agradan a Dios, en el crisol de la humillación.

15   Confíen en él, y él vendrá en su ayuda, enderecen sus caminos y esperen confiadamente en él.

16   Recuerden: El Señor está cerca del que sufre y salva a los que están abatidos.

17   Esto procede de Dios, que les ha concedido a ustedes la gracia, no solamente de creer en Cristo, sino también de sufrir por él.

18   Por tanto, alégrense y regocíjense en los sufrimientos, porque de ese modo ustedes los unen a los padecimientos de Cristo, para bien de su Cuerpo, que es la Iglesia.

19   Les aseguro que los sufrimientos del tiempo presente no pueden siquiera compararse con la gloria futura que pronto nos espera.

20   Poco después de haber muerto, una persona muy piadosa, se apareció radiante de gloria a otra, y le dijo: «Soy sumamente feliz; pero, si algo pudiera desear, sería el volver a la vida en la tierra y padecer mucho,

21   a fin de merecer más gloria», añadiendo que, quisiera padecer hasta el día del juicio todos los dolores que había padecido durante su última enfermedad,

22   para lograr solamente la gloria que corresponde al mérito de una sola Ave María rezada en la tierra.

No echarse al abandono

(Eclo 38, 9-14)

23 No quiero decirles con esto que se echen al abandono. Visiten el médico y hagan caso a todas sus prescripciones,

24 orando a Dios con insistencia, para que si es su Voluntad, los libre de sus sufrimientos.

La manera de Orar

(Mt 6, 9-13 / Lc 1, 28-55 / Jn 2, 1-11 / 2 Cor 13, 13 / 12, 7-10)

25                        Cuando oren, recen el Santo Rosario. Si no pueden hacerlo, al menos recen un denario. Y si no pueden hacer esto tampoco, recen al menos un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria.

26                        Pongan sus intenciones en el Inmaculado Corazón de María, para que por su poderosa intercesión, sus oraciones lleguen como perfume agradable al Señor.

27                        Confien a Cristo todas sus penas, hablando con él como lo hacen con un verdadero amigo, y luego eleven su oración al Padre que está en los cielos de este modo:

28                        “Dios Padre Todopoderoso, si es tu Voluntad quitar o aligerar esta cruz que me toca hoy llevar, esta espina que tengo clavada en mi carne, te pido la quites de mí y me envíes tu Santo Espíritu para que me consuele.

29                        Pero si debo yo pasar por este desierto, con sincera humildad lo aceptaré. Que se haga tu Voluntad, más no la mía. Te lo pido por Jesucristo, tu único Hijo, nuestro Señor. Amen.”

El verdadero sentido del sufrimiento

(Rm 12, 1 / 2 Co 1, 3-5 / 1 Pe 5, 10-11)

30 Nunca piensen que sus padecimientos son un castigo de Dios, sino más bien todo lo contrario. Ofrézcanse ustedes mismos como sacrificio vivo a Dios,

31 entregando sus dolores y sufrimientos en beneficio de las almas del purgatorio. De una forma misteriosa, nuestros sufrimientos se transforman en bendiciones para nuestros hermanos,

32 que esperan entre lágrimas nuestro sacrificio. Pero eso sí, hagan esto en perfecto estado de gracia, caso contrario, habrán perdido su tiempo.

33 Bendito sea Dios, que nos reconforta en todas nuestras tribulaciones, para que nosotros podamos dar a los que sufren el mismo consuelo que recibimos de Dios.

34 Porque así como participamos de los sufrimientos de Cristo, también por medio de Cristo abunda nuestro consuelo.

35 El Dios de toda gracia, que nos ha llamado a su gloria eterna en Cristo, después que hayan padecido un poco, los restablecerá y confirmará, los hará fuertes e inconmovibles.

36 ¡A él sea la gloria y el poder eternamente! Amén.

6

Soportar las tentaciones

(Mt 26, 41 / 7, 13-14 / 18, 8-10 / Sgo 4, 7-10 / 1 Co 10, 13 / 2 Pe 3, 18)

1   No olvidemos las Palabras de Cristo: «Estén prevenidos y oren para no caer en la tentación, porque el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil.

2   Entren por la puerta estrecha, porque es ancha la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que van por allí.

3   Pero es angosta la puerta y estrecho el camino que lleva a la Vida, y son pocos los que lo encuentran.

4   Si tu mano o tu pie son para ti ocasión de pecado, córtalos y arrójalos lejos de ti, porque más te vale entrar en la Vida manco o lisiado, que ser arrojado con tus dos manos o tus dos pies en el fuego eterno.

5   Y si tu ojo es para ti ocasión de pecado, arráncalo y tíralo lejos, porque más te vale entrar con un solo ojo en la Vida, que ser arrojado con tus dos ojos en la Gehena del fuego.»

6   Sométanse a Dios; resistan al demonio, y él se alejará de ustedes.

7   Acérquense a Dios y él se acercará a ustedes. Que los pecadores purifiquen sus manos; que se santifiquen los que tienen el corazón dividido.

8   Reconozcan su miseria con dolor y con lágrimas. Que la alegría de ustedes se transforme en llanto, y el gozo, en tristeza.

9   Humíllense delante del Señor, y él los exaltará.

10                        Hasta ahora, ustedes no tuvieron tentaciones que superen sus fuerzas humanas. Dios es fiel, y él no permitirá que sean tentados más allá de sus fuerzas.

11                        Al contrario, en el momento de la tentación, les dará el medio de librarse de ella, y los ayudará a soportarla.

12                        Hermanos míos, ustedes están prevenidos. Manténganse en guardia, no sea que, arrastrados por el extravío de los que hacen el mal, pierdan su firmeza.

13                        Crezcan en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. ¡A él sea la gloria, ahora y en la eternidad!

Aprender a perdonar

(Is 55, 7 / Ef 4, 32 / Mt 6, 14-15)

14   Que le malvado abandone su camino y el hombre perverso, sus pensamientos; que vuelva el Señor, y él le tendrá compasión, a nuestro Dios, que es generoso en perdonar.

15   Sean mutuamente buenos y compasivos, perdonándose los unos a los otros como Dios los ha perdonado en Cristo.

16   Si perdonan sus faltas a los demás, el Padre que está en el cielo también los perdonará a ustedes.

17   Pero si no perdonan a los demás, tampoco el Padre los perdonará a ustedes.

18   Que no exista entre ustedes –como corresponde a los santos– odios, resentimientos o deseos de venganza. Éstas son obras de la carne, y ustedes ya no viven conforme a la carne, sino al Espíritu.

7

(Rm 8, 28 / Jn 14, 15.21 / 1 Jn 2, 3-4)

1   El sexto pilar es cumplir los Mandamientos.

2   Dios dispone todas las cosas para el bien de los que lo aman, y si lo amamos sabemos que debemos cumplir sus mandamientos.

3   La clara señal de que conocemos a Dios, es que cumplimos sus mandamientos.

4   El que dice: «Yo lo conozco», y no cumple sus mandamientos, es un mentiroso, y la verdad no está en él.

5   Para empezar a cumplir los Mandamientos de cristo, les propongo cinco pasos:

(Sgo 1, 5-8)

6                           El primer paso para comenzar a cumplir los mandamientos es: Pidiendo a Dios Sabiduría, con profunda fe y con sincera humildad.

7                           Si a alguno de ustedes le falta sabiduría, que la pida a Dios, y la recibirá, porque él la da a todos generosamente, sin exigir nada en cambio.

8                           Pero que pida con fe, sin vacilar, porque el que vacila se parece a las olas del mar levantadas y agitadas por el viento.

9                           El que es así no espere recibir nada del Señor, ya que es un hombre interiormente dividido e inconstante en su manera de proceder.

10                        Háganse pequeños, humildes. Reconozcan su nada ante la enormidad y majestad de Dios, y con esa humildad póstrense ante él y pongan su voluntad en sus manos,

11                        pidiéndole que les envíe a través de su Espíritu Santo el don de Sabiduría, pero no la sabiduría humana, sino el primer don del Espíritu, que nos hace encontrar gusto y amor en las cosas de Dios.

12                        Si hacen esto sus vidas cambiarán drásticamente. Todos sus vacíos se llenarán, encontrarán el amor, el gozo y la paz plena, como nunca antes los habían sentido, y todos sus proyectos y actividades serán bendecidas.

(Mt 16, 24-25 / 6, 10/ Lc 1, 38)

13                        El segundo paso para comenzar a cumplir los mandamientos es: Renunciando a nosotros mismos, y convirtiéndonos en servidores de Dios, tal como lo hizo María.

14                        Dijo Jesús: «El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga.

15                        Porque él que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida a causa de mí, la encontrará.» 16 Es importante saber que significa «poner el timón de mi vida en manos de Dios».

17   Cuando rezamos el Padre Nuestro decimos «Que se haga tu Voluntad». ¿Realmente lo decimos sabiendo lo que significa?

18   Que se haga tu Voluntad implica decir: «Señor, yo renuncio a mi propia Voluntad, para poner mi voluntad en tus manos» y también «Señor, acepto tu Voluntad, incluso aun cuando ésta se oponga a la mía»

19   De esto aprendamos el ejemplo de nuestra madre María, cuando dijo: «Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho».

20   Esta es la entrega, confianza y dedicación total que Dios nos pide.

8

1   El tercer paso para comenzar a cumplir los mandamientos es: Enderezando nuestras vidas, cumpliendo los mandamientos y quitando todo lo que nos aleja de Dios.

2   Cada uno de ustedes sabe bien donde le aprieta el zapato. Cada quien conoce cuáles son sus debilidades,

3   Por tanto propónganse firmemente empezar a trabajar sobre ellas, para superarlas.

Los vicios

(Ga 5, 16-26 / Jn 16, 23 / Rm 8, 18)

4     Si tienen un vicio hagan un voto y déjenlo. Así como la sabiduría que proviene de lo alto nos lleva a adquirir los hábitos de Dios,

5     los vicios, que provienen de las tinieblas, nos llevan a adquirir los hábitos del demonio.

6     Aunque parezca algo inocente, en realidad no lo es: el fumar, el tomar en exceso, la incontinencia en los deseos de la carne, el exceso de comodidad, el deseo desordenado de poseer bienes materiales,

7     por supuesto las drogas y cualquier otro tipo de vicio, todo esto proviene de Satanás y tiene como único fin –aunque no lo vean claramente– alejarnos poco a poco de Dios.

8     No permitan que el demonio los maneje y condicione. ¡Ustedes son hijos de Dios! ¡Despierten!

9     Si realmente quieren agradar a su Padre que está en el cielo y salvarse pídanle a Él, que todo lo puede, en el nombre de Jesucristo,

10 que aleje para siempre ese vicio o mal hábito de ustedes. Porque nos dijo Jesús: «Todo lo que pidan al Padre, él se los concederá en mi Nombre.»

11 Hermanos… ¡lejos estoy de mentirles! ¿qué vale más? ¿unos pocos y miserables años de placeres de este mundo y luego la condenación eterna?

12 ¿o soportar las tribulaciones por un corto tiempo para luego gozar de la vida eterna en la plenitud de la gloria?

13 ¡Sepan que vale infinitas veces más la vida eterna que esta vida!

(Ef 4, 17-32 / 5, 1-7)

14                        El cuarto paso para comenzar a cumplir los mandamientos es: Despojándonos del hombre viejo que somos, y renaciendo con Cristo en un hombre nuevo.

15                        De Cristo ustedes aprendieron que es preciso renunciar a la vida que llevaban, despojándose del hombre viejo que se va corrompiendo, dejándose arrastrar por los deseos engañosos,

16                        para renovarse en lo más íntimo de su espíritu y revestirse del hombre nuevo, creado a imagen de Dios en la justicia y en la verdadera santidad.

17                        Por eso, renuncien a la mentira y digan siempre la verdad a su prójimo, ya que todos somos miembros, los unos de los otros.

18                        Si se enojan, no se dejen arrastrar al pecado ni permitan que la noche los sorprenda enojados, dando así ocasión al demonio.

19                        El que robaba, que deje de robar y se ponga a trabajar honestamente con sus manos, para poder ayudar al que está necesitado.

20                        No profieran palabras inconvenientes; al contrario, que sus palabras sean siempre buenas, para que resulten edificantes cuando sea necesario y hagan bien a aquellos que las escuchan.

21                        No entristezcan al Espíritu Santo de Dios, que los ha marcado con un sello para el día de la redención. 22 Eviten la amargura, los arrebatos, la ira, los gritos, los insultos y toda clase de maldad.

23   Por el contrario, sean mutuamente buenos y compasivos, perdonándose los unos a los otros como Dios los ha perdonado en Cristo.

24   Traten de imitar a Dios, como hijos suyos muy queridos.

25   Vivan en el amor, a ejemplo de Cristo, que nos amó y se entregó por nosotros, como ofrenda y sacrificio agradable a Dios.

26   En cuanto al pecado carnal y cualquier clase de impureza o avaricia, ni siquiera se los mencione entre ustedes, como conviene a los santos.

27   Lo mismo digo acerca de las obscenidades, de las malas conversaciones y de las bromas groseras: todo esto está fuera de lugar. Lo que deben hacer es dar gracias a Dios.

28   Y sépanlo bien: ni el hombre lujurioso, ni el impuro, ni el avaro –que es un idólatra– tendrán parte en la herencia del Reino de Cristo y de Dios.

29   No se dejen engañar por falsas razones: todo eso atrae la ira de Dios sobre los que se resisten a obedecerle.

30   ¡No se hagan cómplices de los que obran así!

9

1 El quinto paso para comenzar a cumplir los mandamientos es: Recibiendo dignamente los Sacramentos, particularmente el de Reconciliación y Eucaristía.

El Sacramento de la Eucaristía

(1 Co 11, 27-30 / Jn 6, 53)

2   Tengan un espíritu limpio y una conciencia pura al momento de recibir el cuerpo y sangre del Señor.

3   Porque quien come el cuerpo y bebe la sangre del Señor indignamente, está cavando su propia fosa.

4   Por eso, manténganse puros, asistiendo frecuentemente al Ministerio de la Reconciliación, que no solo nos limpia y libera, sino que nos previene de caer en las garras de Satanás.

5   En efecto, quien coma el cuerpo y beba la sangre del Señor dignamente estará construyendo su futuro cuerpo glorioso, el cuerpo con el que resucitará a la Vida Eterna. Esta es la segunda resurrección.

6   Por eso hermanos, yo los exhorto, les suplico, por amor a nuestro Señor Jesucristo, sean puntualmente diligentes en esta tarea:

7   Anuncien a los hermanos que el Sacramento de la Comunión no es un juego, una costumbre o un ritual, ¡lejos de eso!

8   Este es el misterio de nuestra fe: un misterio puro, celestial e inmaculado; un misterio vivificante y temible;

9   Que puede ser de salvación para quien lo recibe dignamente, pero puede ser de condenación para quien lo hace indignamente.

El Sacramento de la Reconciliación

(Sgo 5, 16 / Jn 20, 22-23 / 2 Co 5, 18-20)

10   El Sacramento de la Reconciliación nos permite recibir plenamente la Gracia Divina.

11   No deben tomarlo solo como un «trámite» que nos permita acercarnos a la Eucaristía, sino que debe ser considerado como una fuente de gracia por sí misma.

12   Exhorten a los hermanos a recibir el Sacramento de la Reconciliación, enseñándoles claramente los cinco requisitos para que éste sea válido,

13   haciendo un especial hincapié en el primero: el examen de conciencia. Para ello provean a los hermanos de la guía que yo supe enviarles.

14   No es por nada que Satanás odia tanto la Confesión y la Comunión: ¡Estos dos son una fuente de Gracia infinita!

15   Por eso él va a intentar por todos los medios que los hermanos no se confiesen –o que lo hagan mal– para que no puedan recibir dignamente el cuerpo y sangre del Señor,

16   alejándolos de este modo de una fuente inagotable de Vida.

17   Queridos hermanos míos, si logran esto que les digo, –tanto en ustedes mismos como en sus hermanos– y perseveran en ello estarán a un paso de la salvación,

18   porque quien recibe dignamente a Cristo en la Eucaristía es provisto de la gracia suficiente para poder cumplir con diligencia y alegría todo el resto de sus mandamientos.

19   Pongan especial voluntad y empeño en esto.

(Jn 15, 26-27)

20   El séptimo pilar es el Testimonio.

21   Dice Jesús: «Cuando venga el Paráclito que yo les enviaré desde el Padre, el Espíritu de la Verdad que proviene del Padre, él dará testimonio de mí.

22   Y ustedes también dan testimonio, porque están conmigo desde el principio».

La valentía para anunciar la Palabra de Dios

(Mt 18, 15-18 / Ez 33, 1-9 / 3, 27)

23                        El que entre ustedes sea tímido, que se enfrente contra su propia timidez, porque es necesario que se anime a proclamar la buena noticia. Créanme que este esfuerzo les será tenido en cuenta.

24                        Cuando vean que su hermano está obrando mal, en cualquier acción que pudiera ofender a Dios, sean solícitos en buscar una oportunidad favorable,

25                        para con caridad fraterna enseñarle –amparados en la Palabra de Dios– en qué se está equivocando. 26 No enseñen, reprendan o exhorten a través de terceros, porque esa no es la voluntad de Dios.

27                        Más bien, cuando deban corregir que sea cara a cara, y en privado, para que no sea ello motivo de escándalo para los demás hermanos.

28                        Es una obligación para ustedes corregir al hermano conforme a la Justicia Divina. Porque si ustedes callan –sea por pereza, vergüenza o por el motivo que fuere–

29                        se hacen cómplices del pecado de su hermano, y esto les será usado en su contra en el día del juicio, no pudiendo alegar inocencia.

30                        Incluso cuando ustedes estén humanamente convencidos que su hermano no va a escucharlos, deberán hacerlo de todos modos.

31                        Porque él podrá así arrepentirse y salvarse. Y ustedes habrán cumplido con la Justicia que proviene de lo alto.

10

Las Actitudes Personales

(Mt 5, 37 / 1 Pe 3, 13-17)

1   Sean siempre gentiles y atentos. Tengan un trato cordial con todo el mundo, evitando la frialdad y la indiferencia.

2   Sean siempre sinceros y que su sinceridad sea contagiosa a los demás. Cuando digan «si» que sea si, y cuando digan «no» que sea no.

3   Hablen con prudencia y sabiduría, midiendo las consecuencias de sus dichos, evitando el hablar por hablar. Muchas veces un silencio vale más que mil palabras.

4   Sean personas bondadosas en todo tiempo y lugar: el Señor ama a los bondadosos.

5   Sean siempre un motivo de alegría para los demás, evitando transmitir su mal humor cuando lo tengan, y dando a la gente más de lo que ellos esperan de ustedes.

6   Hagan de la paciencia su virtud, soportando con alegría los defectos de los demás: Dios les tiene infinita paciencia, del mismo modo ténganla ustedes por sus hermanos.

7   Eviten la intolerancia de cualquier tipo. Dios no hace acepción de personas. Sepan amar las diferencias –tanto físicas como de pensamiento– de sus hermanos.

8   Acéptense a ustedes mismos tal como son, porque así los creó Dios. Pueden crecer y mejorar día a día, pero nunca cambien su esencia.

9   Acepten la realidad en la que viven, porque esta es la realidad a la que Dios los ha llamado a servirlo. 10 Mantengan siempre una misma buena actitud, tanto frente al éxito como frente a una gran dificultad. 11 Conserven su buen humor, incluso frente a una enfermedad o una adversidad. De este modo estarán dando un buen ejemplo a sus hermanos.

12   Sean agradecidos en todo tiempo y lugar, con Dios ante todo, y con quien les tienda una mano.

13   Sean justos con sus hermanos, así como Dios lo es con ustedes, dando a cada uno lo que le corresponde por derecho, evitando favoritismos y discriminaciones.

14   No se dejen vencer por el temor, poniendo ante todo su fe en Dios. Sean firmes en las dificultades y en la búsqueda del bien.

15   Soporten las tentaciones y los obstáculos con entereza, porque Dios los ama y no los dejará solos jamás.

16   Hagan de la fe, la esperanza y la caridad sus virtudes principales. Que ellas sobresalgan sobre todo lo demás.

Los defectos de carácter

(Fil 2, 3 / Rm 15, 2)

17   Dejen atrás el egoísmo, evitando pensar únicamente en ustedes, y empiecen a pensar en los demás. Consideren que hacer algo que a ustedes les gusta podría implicar causar un mal a su hermano.

18   No estén constantemente excusándose a ustedes mismos, más bien tengan la grandeza de reconocer cuando comenten un error. Esto servirá de ejemplo a los demás.

19   Jamás pongan en duda las cualidades, la competencia y la personalidad de los demás, ni susciten sospechas infundadas en sus hermanos.

20   No manipulen a nadie, ni adulteren la verdad. Instruyan con rectitud, y dejen a las personas la libertad de elegir. Ustedes son el sembrador, no quien cosecha. Ese rol le corresponde a Dios.

21   No guarden resentimiento o rencor en sus corazones. Sepan perdonar, como el Padre que está en los cielos los persona a ustedes.

22   Sean siempre diligentes, para no caer en la pereza. No dejen para mañana lo que puedan hacer hoy.

23   No sean negativos y pesimistas, por el contrario, dense aliento a ustedes mismos y a los demás, contagiando siempre un espíritu de acción y de optimismo.

        

11

Ser una persona nueva

(Eclo 6,18)

1 Empiecen hoy a cambiar sus prioridades. Pongan a Dios en primer lugar, que es el lugar donde siempre debería haber estado.

El cuidado del propio cuerpo

(1 Co 6, 19-20 / Lv 19, 28 / Eclo 3, 26)

2   Cuiden sus cuerpos, valoren la vida que el Padre les dio, porque si pierden su vida… ¿cómo podrán recuperarla?

3   No actúen temerariamente, y no por ello pasarán como aburridos, sean prudentes en su actuar, ya que el que ama el peligro perecerá en él.

4   Cuiden sus cuerpos como un tesoro preciado, ¡ya que a ustedes nos les pertenece ni su propio cuerpo!

5   ¿O no saben acaso que sus cuerpos son templo del Espíritu Santo, que habita en ustedes y que han recibido de Dios? Glorifiquen entonces a Dios en sus cuerpos.

6   No se hagan marcas, tatuajes, ni incisiones: ¡el Señor aborrece estas cosas!

7   No hagan abuso de la bebida ni de la comida. Si normalmente comen dos platos, propónganse comer solo uno:

8   háganlo en sacrificio a quienes no tienen que comer, les aseguro que su sacrificio no será en vano.

9   Si beben vino, o cualquier bebida alcohólica, háganlo con moderación, y no sean motivo de escándalo para sus hermanos.

10                        Más bien sean irreprensibles en su conducta, dando en todo momento ejemplo de santidad y vida en Cristo, que es a lo que todos los hijos de Dios estamos llamados.

11                        Recuerden hermanos, toda cosa terrenal que los domine no hace otra cosa más que alejarnos del Señor.

Devolver bien por mal

(Lc 6, 29 / Prov 25, 22 / Rm 12, 14-21)

12   Cualquiera que priorice sus propios intereses por encima del de los demás se aleja de Dios.

13   Conviértanse. Saquen de ustedes ese viejo yo, arrojen al fuego sus viejas vestiduras, porque a partir de hoy tienen vestiduras nuevas, de aroma exquisito.

14   Dejen atrás sus diferencias. Únanse, sean hoy más hermanos que nunca. Si alguien los ofende no respondan la ofensa con mal,

15   respondan con el bien, y así acumularán carbones encendidos sobre la cabeza del ofensor y el Señor los recompensará.

16   Sean siempre amables, respetuosos, que su conducta sea irreprochable.

Sobre la acepción de personas

(Hch 10, 34 / Rm 2, 11)

17   Jamás hagan acepción de personas, porque Dios, su Padre, no las hace.

18   No generalicen: nunca digan: «Los de tal país son malos, los de tal color de piel delinquen, los de tal partido político son corruptos y los de este otro partido son buenos, etc.»

19   En todos los lugares y órdenes de la vida existen personas de buenos y malos sentimientos. Pero sepan esto hermanos míos: están todos mezclados entre sí.

20   No existe un solo sitio en este mundo donde se puedan encontrar exclusivamente personas justas, ni sitio alguno donde todos, sin excepción, estén en el camino equivocado.

21   Dice mi Señor: «Por sus frutos los conocerán». Una persona es justa no por su lugar de procedencia, su color de piel o por la organización a la que pertenezca,

22   sino que se la conoce por sus buenas obras, que son consecuencia de su fe: eso es lo que verdaderamente hace agradable a una persona a los ojos de Dios. No se engañen a ustedes mismos.

23   Aléjense de aquellos que prometen grandes cosas, pero sus actos no se condicen con sus hechos, la mayoría de las veces terminan siendo solo charlatanería.

24   No discriminen ni hagan de menos a nadie. Todos los hombres somos iguales. Hasta el más pequeño de nosotros puede enseñarnos algo. Nunca se olviden de eso.

25   Y acuérdense que con la vara que midan, con esa misma vara serán medidos ustedes, hermanos.

12

La actitud del verdadero Cristiano

(Ex 22, 21-22 / Sgo 1, 27 / 5, 16 / Col 1, 24 / Mt 5, 15-16)

1      Asistan al anciano, a la viuda, al niño, a la embarazada, al indigente. Todo el que necesite algo estén allí ustedes para dárselo, y con ello habrán logrado un tesoro en el Reino de los Cielos.

2      Visiten a los enfermos, a los privados de la libertad, llévenle la paz y el consuelo de los cuales ustedes han sido gratuitamente colmados.

3      Den un buen consejo a quien lo necesita, enseñen con humildad a quien no sabe, corrijan con amor a quien está en el error.

4      Consuelen a quienes están tristes y abatidos, ¡la presencia activa de ustedes puede hacer milagros frente a estas personas! porque el amor de Cristo vive en cada uno de ustedes.

5      No guarden rencor con quienes los ofendan, más bien perdónenlos y encomiéndelos a Dios, porque quizás así se salven, y ustedes sean recompensados.

6      Soporten con paciencia los defectos de sus hermanos, porque la paciencia es el fundamento del amor.

7      Estando en gracia de Dios hagan siempre oraciones, tanto por los vivos como por los muertos: la oración del justo es poderosa;

8      pero tengan particular intención por las almas del purgatorio, sobre todo las más necesitadas.

9      ¿Quieren que les revele un secreto? la intercesión del justo por las almas del purgatorio tendrá una gran recompensa en el Reino de los Cielos. ¡Aprovechen esto mientras les quede tiempo!

10   Hagan todas estas cosas con alegría. Inclusive en medio de la tribulación, no pierdan la felicidad. Respondan a la agresión con calma, al maltrato con cordialidad, a la ofensa con respeto incondicional.

11   Cuando estén ahogados en la tristeza pónganse felices, porque es de ustedes el Reino de los Cielos.

12   El Señor está con ustedes. Nunca más estarán solos, porque el amor de Cristo vive en cada uno de ustedes, en lo más profundo de sus corazones.

El amor a nuestra Madre María

(Ex 20, 12 / Mt 19, 19 / Jn 19, 25-27)

13    No tomen como ejemplo a los hermanos que no honran a nuestra Madre María. Porque si Jesús es nuestro hermano mayor, María es también nuestra Madre.

14    Quien no honre a su Madre falta contra el cuarto mandamiento, pero sobre todo no entiende que en el Reino de los Cielos es humildad y amor.

15    Les aseguro hermanos míos, que aquel entre ustedes que haya en esta vida honrado y amado a

María,

16    cuando llegue a la otra vida, en el Reino de los Cielos, Jesús le dirá: «Mi Madre me ha hablado de ti»

La Intercesión de la Virgen María y de los Santos

(Job 42, 8 / Sal 45, 12-13 / 1 Tm 2, 1-3 / Hb 12, 23 / Lc 23, 43 / 9, 28-36)

17   Les recomiendo que intercedan por sus hermanos, orando los unos por los otros. Esto hace poderosa a la oración y es algo agradable a Dios.

18   Al pedir intercesión no pidan solo a quienes están vivos en la tierra, porque muchos de los vivos en la tierra pueden estar muertos en espíritu –si están en pecado– y Dios no escucha al pecador;

19   en cambio, María Santísima y todos los Santos que están en el cielo, si bien están muertos en la carne, están vivos en el espíritu –que es lo que realmente cuenta–

20   y su oración es mucho más poderosa que la nuestra, porque moran en la presencia de Dios.

21   El buen ladrón, que a último momento se arrepintió, clamó a Jesús y Él le dijo: «te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso»,

22   y cuando Jesús se transfiguró en el monte Tabor, estaban a su lado Elías y Moisés, y ambos conversaban con Jesús sobre su partida, que iba a ocurrir en Jerusalén;

23   los muertos que fueron justos en su vida terrenal están ahora con el Señor, –no están dormidos– ¡Dios es un Dios de vivos, no un Dios de muertos!

24   ¡y vino a traer vida en abundancia, no sueño en abundancia!

13

El mérito de las buenas obras

(Mt 6, 1-4)

1   Cuando ustedes hagan una buena obra, no lo anuncien a los cuatro vientos. Porque si lo hacen serían felicitados y retribuidos por los hombres, y no tendrían ningún premio en el cielo;

2   no busquen jamás la aprobación o el reconocimiento, ya sea en público o en privado;

3   porque si hacen una buena obra, y nadie se los retribuye, nuestro Padre que todo lo ve, anotará esto en el libro de la vida, y les dará una recompensa en el cielo.

Los falsos pastores

(Mt 6, 5 / 24, 24-25)

4   ¡Ay de aquellos que alaban gritando y gesticulando con el único objetivo de ser vistos y de llamar la atención de quienes los escuchan!

5   ¡Ay de aquellos que lucran con la fe y corrompen las cosas sagradas! ¡los que instigan a entregar dinero a quien no puede darlo, prometiéndole a cambio favores divinos!

6   El Señor no quiere dinero, no quiere sacrificios. Quiere misericordia.

7   ¡Ay de aquellos que hablan falsamente en nombre del Señor! asegurando que su obrar exaltado se debe a que el Espíritu del Señor se posó sobre ellos,

8   ¡Cuando en su corazón saben que esto es solo obra de su imaginación!

La única Iglesia del Señor

(Jn 17, 21 / Ef 4, 5)

9                           Así como Dios es uno, su verdad es una, y su Iglesia es una también. Cristo es la cabeza de la Iglesia, de la cual nosotros formamos el cuerpo. Cristo no puede tener varios cuerpos divididos.

10                        Nuestro Dios es un Dios de unidad, no de división. La división no proviene de Dios, sino de Satanás, que es el príncipe de este mundo.

La virulencia de las sectas

(Hch 20, 29-30 / 2 Tm 3, 2-5 / 4, 3-4 / 1 Tm 4, 1-2)

11   Hoy existen más de 66.000 (y en aumento) sectas protestantes, con diferentes doctrinas, muchas veces opuestas entre sí.

12   Estas sectas andan al asecho, como lobo hambriento viendo a quien devorar: pues no se dejen devorar.

13   Estos falsos pastores solo reclutan ovejas para esquilarlas, no para protegerlas ni para guiarlas. Solo buscan engrosar sus bolsillos a costa de los incautos que caen en sus garras.

14   Y forman cultos estéticamente acomodados, y música digna de un concierto, que endulza los oídos y atrae los sentidos carnales;

15   reciben a sus nuevos fieles como si fueran reyes, dándoles una palmada en la espalda y poniéndoles un café en la mano, diciéndoles:

16   «¡Bienvenidos!» así las ovejas se sienten atraídas, cómodas y bien acogidas, y no quieren irse de allí;

17   y privan así a los hermanos de la fuente de gracia Divina, que es condición necesaria para salvarse: los Sacramentos que nuestro Señor Jesucristo instituyó.

18   Ustedes, que están firmes en la fe, enseñen a los más débiles a no buscar tal o cual iglesia solo porque allí los reciban bien,

19   porque la música y la prédica sean llamativas, o porque en ese lugar «sientan la presencia de Dios»,

20   porque es fácil confundir «la presencia de Dios» con las emociones humanas, y la fe nada tiene que ver con emoción.

21   Antes que estas cosas, enseñen con paciencia que lo que se debe buscar es el único culto agradable al Señor: la Eucaristía.

        

La Actitud frente a los falsos pastores

(2 Jn 1, 8-11 / Pr 26, 4 / Ef 4, 13-14 / 2 Pe 2, 1-3)

22 Si alguien se presenta ante ustedes y no trae esta misma doctrina usen el discernimiento para evaluar su verdadera intención.

2[7] porque quien discute con un necio, que no desea aprender sino solo pelear, se hace cómplice de su necedad.

2[9] explicando con paciencia y con amor el verdadero significado de las imágenes, y de toda la doctrina que han aprendido –que es conforme a la verdad– desenmascarando a estos farsantes de la fe.

2Oh Dios Padre todopoderoso, de quien procede todo lo creado; te pido tengas compasión de nosotros, tus hijos amados.

2                           Pasamos por muchas tribulaciones, creemos desfallecer, se nos hace difícil encontrar consuelo a tanta amargura, y muchas veces hasta llegamos a perder nuestra fe.

8      Te pido por todos mis hermanos, los que están en una condición similar a la mía, para que les traigas paz y consuelo,

9      para que alivies al menos un poco su dolor, y si es tu Voluntad, para que los liberes total o parcialmente de sus aflicciones.

10   Te lo pido por Jesucristo, tu único hijo, nuestro Señor.

Recomendaciones Finales

(Lv 21, 8 / 1 Tm 5, 17-19 / Mt 5, 4-5)

11                        Con respecto a los diáconos, presbíteros y el obispo de su diócesis sepan siempre dirigirse a ellos con respeto y con amor.

12                        Hagan leer a los hermanos la carta que escribí a la Iglesia de Encarnación. En ella encontrarán otras cosas que necesitan saber.

13                        Tengo muchas más cosas que decirles. Pido a Dios me permita poder ir a visitarlos personalmente y compartirles la gracia que yo he recibido, como así también poder recoger algún fruto de entre ustedes.

14                        Los hermanos de la Iglesia de Córdoba les mandan saludos y los invitan a recordar estas palabras de nuestro Señor Jesucristo: “Felices los afligidos, porque serán consolados. Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia.”

Saludo final y despedida

(Lc 2, 51 / Mc 13, 32 / Mt 10, 16 / 5, 10 / Rm 5, 3-5)

15   Hermanos míos: guarden todas estas cosas en su corazón y póngalas en práctica.

16   Aprovechen el tiempo al máximo, sabiendo que no es mucho el que les queda. Recuerden: «Nadie sabe el día ni la hora».

17   No decepcionen a quien nos dio la vida; más bien ofrézcanse a ustedes mismos como un sacrificio vivo a Dios, soportando la pobreza, la enfermedad o cualquier tribulación;

18   aceptando con entereza y alegría los sufrimientos que les toque vivir, sabiendo que el esfuerzo y la espera habrán valido la pena.

19   No se olviden que nosotros tenemos puesta nuestra esperanza en bienes futuros, muy superiores, que nada tienen que ver con este mundo.

20   Ya queda poco tiempo. Pronto, antes de lo que imaginan, todo sufrimiento habrá terminado. Créanme que toda pena, toda tribulación, toda enfermedad o defecto físico, tienen su tiempo contado entre ustedes.

21   Un tesoro inimaginable nos espera, y veremos a Dios cara a cara, tal como es. Mientras tanto les pido que se mantengan firmes hasta el final,

22   soportando con paciencia las adversidades y cumpliendo con alegría todo lo que han aprendido de Cristo: esa es la Voluntad de Dios.

23   No están solos en esta misión. Yo estoy a su lado: sea mientras esté aquí en esta tienda de campaña, o bien cuando llegue mi hora de partir junto al Padre,

24   sea donde quiera que yo esté, siempre estaré muy cerca de ustedes, como un hermano que Cristo les ha confiado para cuidarlos día y noche. Nunca duden de eso.

25   Que el Señor que da la paz colme sus corazones de alegría y los bendiga en abundancia.


[2] Sin la fe es imposible agradar a Dios, porque aquel que intenta acercarse a Dios debe creer que él existe y que es el juez justo que recompensará a cada uno según sus obras.

[4] El que ha nacido de Dios, vence al mundo. Y la victoria que triunfa sobre el mundo es nuestra fe.

[6] Te pedimos perdón por todo esto, porque somos débiles, a veces orgullosos, y otras veces no aceptamos esta cruz que nos toca llevar.

[8] y queremos hacerlo por amor a ti, porque eres nuestro Padre, nuestro Dios y nuestro todo.

[10] y de un modo que solo tú puedes entender, puedan ser capaces de aliviar el sufrimiento de alguien más, especialmente el de las almas más necesitadas del purgatorio.

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